Señor Alejandro, ya quedó fuera del juego
Amada Cisneros, como tantas mujeres de carácter firme, intentó hacer que un hombre como Alejandro Navarro se enamorara de ella.
Pero tres años de matrimonio no fueron más que una convivencia fría y distante, como dos extraños compartiendo el mismo techo.
Cuando ella fue brutalmente atacada y estuvo al borde de la muerte, Alejandro estaba acompañando a su antiguo amor.
Con el corazón hecho pedazos, Amada decidió soltar.
Fue entonces cuando ese Alejandro, siempre soberbio e inaccesible, empezó a aferrarse a ella.
Paso a paso, la fue acorralando, desgastó su amor y le cerró todas las salidas.
—Fuiste tú quien insistió en casarte conmigo. Yo no acepto el divorcio. Mientras yo viva, no te irás de mi lado.
Amada lo miró con frialdad:
—Lo siento, señor Alejandro. Usted ya quedó fuera del juego. Este matrimonio... se termina porque yo lo decido.