Me Robaron el Corazón y la Vida
El corazón compatible que llevaba dos años esperando terminó en manos de Alicia García porque mi esposo, Alejandro Guerra, decidió dárselo.
El médico me dijo que apenas me quedaba una semana de vida. Así que tomé una decisión: someterme a criopreservación.
Dejé establecido que, cuando muriera, mi cuerpo fuera donado al proyecto de investigación de Alicia.
El día que firmé la autorización de donación, mi hijo, Enrique Guerra, se lanzó a mis brazos y dijo:
—Por fin tú y Alicia hicieron las paces, mamá.
Mis padres me felicitaron por haber entendido al fin que entre hermanas había que quererse y apoyarse.
Alejandro, aliviado, dijo que por fin había dejado atrás el rencor y había entrado en razón.
Yo apenas sonreí.
Sí, esta vez sí había aprendido la lección.
Iba a devolverle a Alicia mi lugar como hija de la familia García y darles a todos exactamente lo que querían.