Accidente y Boda Exprés con el CEO
De camino a ver a mi novio, que seguía haciendo horas extras, sufrí un fuerte accidente de tránsito.
Lo llamé decenas de veces, pidiéndole ayuda, pero no respondió ni una sola vez. A lo lejos, el edificio de su empresa seguía iluminado, con las luces encendidas, como si nada hubiera pasado, y la desesperación terminó por devorarme.
Cuando desperté en el hospital, vi una publicación de una subordinada suya: “¿Qué hacer cuando tu jefe te regaña en plena madrugada?”
La imagen mostraba el reflejo de ambos en el vidrio de una puerta. La cercanía entre ellos era tan evidente que claramente había cruzado los límites de una relación laboral normal.
Sin darme por vencida, volví a llamar a Alfonso González. Esta vez, por fin contestó.
Con la voz quebrada, apenas logré decir:
—Alfonso, tuve un accidente de auto.
—Paula, ando ocupado —respondió con frialdad—. Haré que mi asistente se encargue, ¿de acuerdo? Sé buena, ¿sí? Cuando termine este viaje de trabajo, regresaré para acompañarte.
Intenté seguir hablando, pero su grito interrumpió todo:
—¡Bárbara! ¿Te vas con una sola maleta? ¿Y entonces por qué traes tres? ¿Piensas irte de vacaciones o qué?
Bárbara Garza era la nueva pasante que Alfonso acababa de contratar.
Miré el teléfono. La llamada ya se había cortado, y las lágrimas ya estaban secas en el rostro.
Luego marqué otro número:
—Acepto el matrimonio arreglado.