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Alfa, nunca me dejes ir

Alfa, nunca me dejes ir

Todos me envidiaban. Una huérfana que se había convertido en la Luna del Alfa más poderoso del Territorio del Sur, Cain. Durante los tres años de nuestro apareamiento, él me trató como si yo fuera el centro de su mundo. Entonces Serena, su amor de la infancia, rompió el vínculo con su anterior compañero y regresó a nuestra manada. Cain comenzó a patrullar el territorio todas las noches, regresaba a casa cada vez más tarde. Ni siquiera me preguntó antes de mudar a Serena a nuestra casa de la manada. —Su excompañero la ha estado acosando. Ella y yo crecimos juntos, ¿cómo podría quedarme de brazos cruzados y dejar que alguien la amenace? Serena pasaba todo el día en lencería, recostada sobre Cain. Los dos hojeaban fotos viejas, recordando la vez que Cain se metió en una pelea porque un lobo había estado coqueteando con ella. No dije ni una palabra. Guardé silenciosamente la prueba de embarazo y le traje a Cain un tazón de “tónico calmante.” Él lo bebió sin dudarlo. Lo que no sabía era que se trataba de una poción de bruja, una que podía romper a la fuerza un vínculo entre compañeros. Haría efecto en la próxima luna llena. Cuando terminé, hice una llamada telefónica. —Alfa Ethan, estoy lista para ir al Territorio del Norte. Ven por mí.
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Pagué Su Culpa y Ella Me Condenó

Pagué Su Culpa y Ella Me Condenó

Cinco años después de mi muerte, mi esposa, la médica Elba Latapí, quiso volver a endilgarme la culpa de un caso de negligencia médica para encubrir a su primer amor. Con un documento falsificado en la mano, se plantó en mi antiguo departamento, pero solo encontró el lugar cubierto de polvo. Entró en pánico y bajó corriendo a preguntarle a Julio Melgar, el dueño de la tienda de abajo, por mi paradero. Pero él le respondió: —¿Antonio Alcayaga? Murió hace cinco años. La familia de la víctima de aquel caso de negligencia médica lo acorraló ahí y le dio más de diez puñaladas. Elba no le creyó. Estaba convencida de que yo había sobornado al dueño del local y de que él estaba mintiendo para cubrirme. Rodó los ojos, curvó los labios con desprecio y resopló: —¿Así que ahora, solo porque lo suspendieron por dos años, me sale con este teatrito? Dile que, si no aparece en tres días, dejaré de pagar el tratamiento contra el cáncer de su hermana. Después de soltar esas palabras, se fue entre maldiciones y azotó la puerta al salir. El dueño la vio alejarse, negó con la cabeza y dejó escapar un suspiro. —¿Qué hermana? Ella ya murió hace muchísimo tiempo… porque no tenían dinero para costear el tratamiento.
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Fingí Morir para Dejar de Amarlo

Fingí Morir para Dejar de Amarlo

Durante la cena, Julián Orozco, un amigo de mi esposo Bruno Ortega, soltó de pronto en italiano: —Hace tres años, para poder firmar en nombre de Fiona una carta de perdón a favor de Simona, te casaste con Fiona con una boda por todo lo alto. En estos años he visto cómo Fiona se ha ido encariñando cada vez más contigo, pero tú sigues mintiéndole. Le haces creer que las pastillas anticonceptivas son antidepresivos. ¿No temes que, cuando Fiona sepa la verdad, se venga abajo? El rostro de Bruno se ensombreció, y él sonrió con amargura. —Un hijo que no es deseado por su padre no tiene por qué nacer. En cuanto a Fiona, mientras deje de interponerse en la felicidad de Simona, cumpliré mi promesa y la protegeré toda la vida. Nadie sabía que, para estar a la altura de Bruno, yo había aprendido italiano hacía mucho tiempo. Estaba de pie a unos pasos del comedor, en la sala, con marcas frescas de besos en el cuello y las supuestas pastillas para la "depresión" en la mano. Sentí que todo el cuerpo se me helaba. Así que todo el amor que él decía sentir por mí era falso. La salvación que yo creí haber encontrado no era más que una trampa cuidadosamente planeada. Si así estaban las cosas, decidí concederles a todos lo que querían.
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El día que murió Scarlett Moretti

El día que murió Scarlett Moretti

La noche antes de mi boda, descubrí que estaba embarazada. Esa misma noche, descubrí que mi prometido ya había elegido a otra mujer para que le diera su primer hijo. Adrian DeLuca, heredero de un imperio de la mafia y el hombre que una vez juró que yo era la única mujer a la que amaría, volvió a casa con el perfume de ella impregnado en la ropa y me dijo, como si fuera lo más normal del mundo, que no era más que un acuerdo médico. La viuda de su amigo fallecido necesitaba un heredero y, después de que yo no lograra darle uno tras sesenta y seis rondas de fecundación in vitro, decidió que esa era la mejor solución para todos. No dije nada. Lo dejé continuar con los preparativos de la boda. Dejé que creyera que caminaría hacia el altar y me convertiría en la señora DeLuca. Pero mientras él planeaba nuestra boda, yo planeaba mi desaparición. El día de nuestra boda, la mansión abriría sus puertas. Los invitados llegarían. La ceremonia comenzaría. Pero la novia a la que Adrian DeLuca traicionó moriría en ese lugar. Para cuando él descubriera la verdad, que todo ese tiempo yo había estado embarazada de su hijo, yo ya me habría marchado bajo un nuevo nombre, llevándome a su heredero a un sitio donde jamás pudiera encontrarnos.
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Renací y Dejé de Amarte

Renací y Dejé de Amarte

Al enterarse de que Bruno Muñoz, su primer amor, había muerto, mi esposa de mi vida anterior, con quien estaba de luna de miel a bordo de un crucero, se lanzó por la borda y se quitó la vida. Fue entonces cuando entendí que ella nunca había logrado olvidar a Bruno. Cuando volví a nuestros años de juventud, ella me soltó la mano sin dudarlo y caminó directo hacia Bruno. Los vi alejarse y luego me di la vuelta. Desde ese momento, nuestras vidas serían como dos líneas paralelas que jamás volverían a cruzarse. Diez años después, nos reencontramos en una recepción en San Camilo. Ella ya se había convertido en una figura emergente de la alta sociedad y apareció del brazo de Bruno, mostrándose muy cariñosa con él. Al verme entrar a la recepción buscando a alguien, no pudo evitar soltarme: —¿Por qué sigues tan aferrado a mí? Aunque lleves diez años esperándome, jamás voy a enamorarme de ti. No le hice caso. Solo fui a un rincón y saqué de ahí a mi hijo, que estaba comiéndose a escondidas un pedazo de pastel. De pronto, a Ximena se le llenaron los ojos de lágrimas y me tomó la mano con fuerza. —Lo haces para provocarme, ¿verdad? ¿No dijiste que en esta vida solo me amarías a mí?
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Me Engañó y Lo Dejé en la Ruina

Me Engañó y Lo Dejé en la Ruina

El día en que mi esposo, Jorge Cortes, y Leticia Batallar, la universitaria a la que él apoyaba económicamente, publicaron en Facebook las fotos de boda, yo no armé ningún escándalo. Hasta les dejé un "Me gusta". Y hasta comenté: "¡Qué linda pareja hacen! Bendiciones a los novios." Todos decían que yo era la esposa más patética de todas, que dejaba que la amante me humillara delante de todo el mundo. Una semana después, él volvió a casa para darme explicaciones: —Todo fue una actuación. El abuelo de Leticia está muy enfermo y, antes de morir, quiere verla casada. Yo asentí con calma. —No le di importancia. Te creo. En mi vida anterior, ese mismo día fui a la boda a armar un escándalo y terminé arruinándoles la ceremonia. Para castigarme, Jorge arremetió directamente contra la empresa de mis padres. La llevó a la quiebra y mis padres terminaron quitándose la vida. A mí, Leticia me mandó a encerrar en un psiquiátrico, donde me torturaron hasta volverme loca. Por eso, en esta nueva vida, ya no espero su amor. Lo único que quiero es su dinero. Cada vez que me engaña, voy transfiriendo a mi nombre parte de los bienes que todavía están a nombre de él. Solo le quedan tres infidelidades más antes de quedarse sin nada.
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Renacer para vengarme: El precio de su traición

Renacer para vengarme: El precio de su traición

La familia Torres estaba al borde de la ruina cuando vinieron a pedirme que me casara con su hijo. Mi papá, sabiendo que llevaba diez años completamente enamorada de Nelson Torres, aceptó el matrimonio y, para colmo, invirtió una fortuna para sacarlos del desastre. La noche de bodas, Nelson me vendó los ojos con una corbata y me tomó una y otra vez. Un mes después, llena de felicidad, fui a buscarlo con el informe de embarazo en la mano, pero lo que escuché me dejó completamente congelada. Estaba en un bar, apostando a lo grande con sus amigos: —A ver, muchachos, ¿qué opinan? ¿Quién de ustedes cree que es el padre del bebé de Sofía Reyes, después de que se la cogieron entre varios? Uno de sus amigos soltó una carcajada grosera: —Señor Torres, yo solo le di tres veces... No me diga que es mío, ¿o sí? —Yo apuesto a que fue Paco, ese tipo se lució esa noche, Sofía casi se vuelve loca. ¡Le aposté diez mil dólares a que es de él! Fue en ese momento cuando entendí que, en realidad, no había sido Nelson con quien pasé la noche de bodas, sino con más de diez de sus supuestos amigos. Enloquecí y fui directo a confrontarlo, pero a él no le importó ni un poco. —¿Por qué tanto drama, si solo estás llorando? Si no fuera por la presión de tu familia, jamás me habría casado contigo. Si no hubieras obligado a Juana a irse, nunca te habría tratado así. —Escúchame bien, Sofía, el día que Juana me perdone, entonces sí, te dejaré en paz. Con el corazón destrozado, pedí el divorcio, pero él usó el video de esa noche para chantajearme y me metió en el sótano. —No te creas que te vas a ir tan fácil. Mis amigos y yo seguimos haciendo apuestas para ver quién es el papá de ese bastardo. Ocho meses después, allí, en ese sótano, perdí a mi bebé... y mi vida. Cuando abrí los ojos, volví al día en que los Torres me pidieron que me casara con Nelson para salvarlos. Esta vez, el día de mi boda, Nelson estaba llorando desconsolado.
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Cambiando mi destino

Cambiando mi destino

Mi esposo, con quien llevo cinco años casada, resultó ser el heredero perdido de la familia mafiosa, Rhys. El día que lo reincorporaron a la familia, tomó a nuestro hijo de la mano y se dirigió a un lujoso coche de un millón de dólares con Isla, su novia de la infancia. Luego, frunciendo ligeramente el ceño, me dijo: —Hazel, solo me llevaré a Isla y a nuestro hijo conmigo. Tú quédate aquí por ahora. Una vez que haya asegurado mi posición en la familia Rhys, volveré por ti. Asentí con calma y acepté su disposición sin protestar. Sabía que incluso si forzaba mi regreso con él, no terminaría bien. En mi vida anterior, lloré e insistí en ir con él. Sin otra opción, Sam me llevó de vuelta a la familia. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que Isla me incriminara, acusándome de filtrar los secretos de la familia mafiosa Rhys. Según las reglas de la familia, fui sentenciada a muerte. Cuando se ejecutó el veredicto, mi hijo me gritó con los ojos enrojecidos: —¡Te odio! ¡Si no hubieras insistido en venir, no tendría a una traidora como madre! ¡Habría tenido una mejor mamá hace mucho tiempo! En ese instante, mi corazón se rindió. Renacida en el momento justo antes de que mi esposo reclamara su identidad, esta vez elegí dejarlo ir sin dudarlo, dejando de interponerme en la felicidad que él y nuestro hijo deseaban.
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Mi novio, el jefe final del terror

Mi novio, el jefe final del terror

Me metí en un juego otome, un simulador de romance para chicas, para conquistar al tierno y frágil protagonista. Justo cuando por fin lo tenía en la cama provocándolo, reapareció el sistema que había desaparecido: [Jugadora, te envié al juego equivocado. ¡Esto es un juego de terror! La persona a la que estás molestando ahora es el súper, pero súper jefe final.] Levanté la vista y me encontré con sus ojos inyectados en sangre. Con una sonrisa tensa, dije: —¿No tendrás sueño? ¿Y si mejor lo dejamos para otro día...? Él sonrió: —No tengo sueño. Continúa.
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Me Fui con el Secreto que Él Nunca Supo

Me Fui con el Secreto que Él Nunca Supo

Puse fin a un embarazo antes de que cumpliera tres meses… y él nunca llegó a saberlo. Estaba demasiado ocupado retomando su relación con su ex, aún atrapado en las brasas de un amor pasado. Para que ella se sintiera cómoda, le entregó mi dormitorio principal como si no significara nada. Incluso convirtió lo que debía ser nuestra fiesta de compromiso en una fiesta de bienvenida para ella, dejándome como el hazmerreír de todos. Así que me di la vuelta, destrocé mi vestido de compromiso y acepté casarme con el hombre que mi familia había elegido para mí.
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