Autorizado Para Enamorarse
—Adrián… por favor…
Él subió de nuevo, cubriéndola con su cuerpo, mirándola a los ojos mientras entraba despacio, centímetro a centímetro, hasta que ambos soltaron un suspiro tembloroso.
Se movieron juntos, primero suave, luego más rápido, más profundo. Las manos entrelazadas sobre la almohada. Susurros entrecortados: “te quiero”, “no pares”, “eres mía”. Cuando el clímax llegó, fue simultáneo, intenso, como si hubieran estado esperando ese momento desde la primera vez que sus voces se cruzaron en el éter.
Se quedaron abrazados después, sudorosos, jadeantes, riendo bajito contra la piel del otro.