Esta sonrisa inquietaba inexplicablemente a Francisco, que siempre tenía la sensación de que algo pasaba ante sus narices, pero no sabía exactamente qué.—Fran, está dispuesta a divorciarse y de hecho ya lo firmó.Mónica tomó los papeles del divorcio, los miró y finalmente habló sorprendida, haciéndo que Francisco regresara a sus pensamientos.Francisco se quedó un poco sorprendido, había pensado que solo era una estratagema suya, pero no esperaba que realmente lo firmara...Se apresuró a tomar los papeles del divorcio, pero le pareció que la firma era algo que no quería ver.¿De verdad estaba dispuesta a dejarlo ir tan fácilmente?—Francisco, de verdad que eres la persona más cruel del mundo. Te recuerdo que tienes que darme un millón lo antes posible.Marcos miró a la pareja de sinvergüenza abrazada y sintió un asco increíble, soltó un bufido frío y se marchó.Obviamente este era el resultado que había estado esperando durante mucho tiempo, pero por alguna razón, Francisco sentía un
¿Funeraria?Francisco escuchó eso y no dudó en colgar el celular, pues pensó que ahora las llamadas de estafa se inventaba cada historia para sacarte algo, ¡vaya gente!Su Sonia estaba muy bien. ¿Por qué le llamarían de la funeraria por ella?Pronto volvió a sonar la llamada.—Hola, hablo con el padre de Sonia, ¿verdad? Somos de la funeraria, esperamos que usted o su esposa puedan venir lo antes posible para llevarse el certificado de defunción de su hija, así como el certificado de la incineración.La persona que llamó no dijo mucho más, y colgó directamente antes de que Francisco pudiera enojarse.Cada palabra ponía a prueba la paciencia de Francisco, que ya estaba al límite.Nieves era una loca, de verdad que hacía todo lo posible para seducirle, incluso dijo que su hija había muerto, ¡cómo demonios podía alguien así ser una madre!—Fran.En ese momento, una voz familiar le llegó al oído y, al darse la vuelta, vio a Mónica.Aunque acababa de ponerse rojo de ira, el enojo de sus ojos
—Fran, es mejor que vayas a ver a la señorita Acosta, a ver si de verdad hace alguna estupidez. —Mónica suspiró y tiró de la manga de Francisco con aire de resignado estoicismo.Lo que Francisco no soportaba era verla sufrir, y ahora que lo oía, la rabia en su corazón crecía aún más.—¡Si voy a buscarla caería en su trampa! ¡Me gustaría ver cómo actuará sin mí en esta obra! —Francisco gruñó y rodeó a Mónica con los brazos.—Estaría bien que fuera tan buena como tú.A Mónica no le hizo mucha gracia oírlo, pero se apoyó en el pecho de Francisco y se hizo la comprensiva.—Tampoco hay que enojarse, al final, a la señorita Acosta solo le importa demasiado el título de la señora de la Cruz, hay que entenderla un poco —Mónica habló con cuidado, sus ojos se humedecieron. —Pero es que ustedes ya están divorciados, y ella... ¿cuándo parará de molestarnos?La palabra «divorciados» le inquietó a Francisco.Se tensó de repente y retiró la mano, desabrochando los dos botones de la camisa con una sol
Al despertarse por la mañana, con la almohada mojada de nuevo por las lágrimas y los ojos enrojecidos e hinchados, se levantó de la cama y encendió el celular.En estos días, ella había estado desconectada del celular, porque estaba muy triste, y no quería prestar atención a nada del mundo de fuera. Una vez encendida, el tono de mensaje de texto sonó, era de la funeraria para instarla a ir a hacer los trámites.Entonces recordó que, aunque las cenizas de Sonia habían sido enterradas, aún quedaban muchos trámites y certificados pendientes.—Bien, pues después de terminar todo eso, podré dejar este sitio.—Sonia, te echo mucho de menos.Nieves apretó el colgante en su pecho mientras las lágrimas volvían a caer.También se había esforzado mucho por no estar tan triste porque Sonia estaba preocupada por ella antes de morir, ella temía a que lo pasara mal.Pero sus esfuerzos habían fracasado y era imposible que no estuviera triste, solo de pensar en su hija le daban ganas de llorar.Su bebé
En cuanto al resto, no lo quería, no lo necesitaba, ni le importaba.Lloró tanto que sus ojos estaban doloridos.Al salir del tanatorio, con el sol dándole directamente en la cara, Nieves se sintió, entonces, como si aún estuviera viva.Echó la cabeza hacia atrás y miró hacia la luz del sol, y mientras la observaba, las lágrimas volvieron a deslizarse por las comisuras de sus ojos.—Sonia, te he echado mucho de menos.—Sonia... mi Sonia.Aferrando con ambas manos el colgante que contenía las cenizas de Sonia, se agachó y dejó escapar un sollozo.Aunque se había advertido a sí misma una y otra vez que Sonia quería que tuviera una buena vida, no podía evitarlo, simplemente no era tan fuerte.Llorando a moco tendido, se levantó del suelo con dificultad, caminando como un zombi, se dirigió hacia la antigua casa de su familia.Era lo único que le habían dejado sus padres antes de fallecer, una vieja casa de apenas sesenta metros cuadrados, ni siquiera tan grande como uno de los cuartos de b
Lo único que Nieves podía pensar ahora mismo era que una mirada más al hombre que tenía delante le sentaría mal, y una mirada más sería una falta de respeto a Sonia.Aprovechó el silencio del hombre para abrir la puerta de su casa y entrar directamente, y para expresar su fastidio interior, ¡Nieves dio un portazo fuerte!Luego se volvió y vio la foto en blanco y negro sobre la mesita.Sonia salía con una enorme sonrisa.Esa foto fue tomada en el día de los niños, en ese día, en el jardín de infancia se realizó un concurso y obtuvo un muy buen lugar, por lo que estaba muy feliz y sonrió muy alegremente.Nieves eligió esta foto a propósito, quería que su hija estuviera así de feliz todo el tiempo.—Sonia.Nieves se deslizó por la puerta, con las manos tapándose la boca mientras las lágrimas no hacían más que caer.—Nieves, me da igual a qué clase de juego intentes jugar, Sonia es mi hija y no te está permitido destrozarla así como así, ¡y mucho menos decir que está muerta! En cuanto a la
—¿Qué has dicho?Francisco tenía cara de pasmado, hacía días que no veía a Sonia, y tampoco la había visto la última vez que había ido a ver a Nieves.Cuando recordaba esa llamada de la funeraria, inexplicablemente se inquietaba un poco, aun sabiendo que esa era la táctica de Nieves, sintió un poco de pánico.—Fran, no te preocupes, la señorita Acosta solo está actuando para que caigas en su trampa, no hará daño a Sonia, pero ¿dónde escondería a Sonia, le queda familia?Mónica se adelantó y acarició suavemente el pecho de Francisco, tranquilizándole.¿Familia?Francisco pensó inmediatamente en Marcos, ¡y en el cheque anulado!Era un puto adicto a las apuestas. Hará cualquier cosa por dinero. Si Sonia estaba realmente en sus manos, estaría en peligroso.—Vamos al aeropuerto.Francisco apartó a Mónica con una mano y salió.En cualquier caso, Sonia se apellidaba de la Cruz, era su hija, ¡y él nunca permitiría que se echara a perder su linaje!Sí, eso era.En el momento en que salió por la
—Fran, ¿qué... estás haciendo?Mónica se acercó trotando y detuvo a Francisco, que estaba a punto de adelantarse, y lo miró con cierto reproche.—En cualquier caso, la señorita Acosta es una mujer, ¿cómo pudiste?Se volvió y se agachó para intentar ayudar a Nieves a levantarse del suelo.Todo lo que Sonia quería antes de morir era que su padre estuviera con ella unos días, pero esta mujer había estado acaparando a Francisco todo el tiempo, incluso arrastrándolo a pasar su aniversario la noche en que Sonia fue hospitalizada.Solo ver a esta mujer hizo que Nieves recordara la tristeza de Sonia en la noche que murió, ¡cuando miles de fuegos artificiales florecieron solo para ella, su hija se estaba muriendo!—¡No me toques! ¡Me das asco!Nieves se sacudió la mano y, con todas las fuerzas que pudo reunir, se puso en pie.Miró a Mónica fríamente, como si estuviera mirando basura.Antes, Nieves nunca había culpado a Mónica de nada, siempre había pensado que la culpa era solo de Francisco, pe
—Me arrepiento de haberme ido en ese entonces, ahora solo quiero estar a tu lado. Nieves, tienes derecho a no contestarme ahora, pero déjame acompañarte.En aquel entonces había perdido a la chica que le gustaba porque no se atrevía a confesar. Y ahora que habían pasado unos cuantos años, ella seguía siendo la única que tenía en mente, así que estaba decidido a no volver a perderla.Tal vez fuera por la seriedad de lo que decía, o tal vez por los sentimientos juveniles que se habían despertado, el corazón de Nieves volvió a calentarse por un momento.Había pensado que en su vida jamás recibirá más calidez de nadie, no esperaba que encontrarse de nuevo con la persona a la que había amado de joven.—Nieves, ¿tu hija ha muerto y tú estás ligando con un hombre?La voz de Francisco salió con rabia reprimida.Se quedó en la puerta con los brazos cruzados y observando a los dos con frialdad.Cualquiera que no fuera tonto podía percibir el afecto mutuo de estos dos.Esta voz fría y mezquina in
Nieves sentía un dolor tremendo, pero no era nada comparado con el dolor de su corazón.Fue entonces cuando Julio sacó un celular del bolsillo del pantalón y se lo entregó a Nieves: —Tu celular ha estado vibrando.Mirando el nombre en el identificador de llamadas, Nieves se tiró de la comisura de los labios con desdén.Simplemente colgó el celular y lo tiró a un lado.¿Qué sentido tenía aparecer ahora si no apareció cuando tenía que estar?Francisco miró su llamada colgada con un rostro horriblemente sombrío.Esta mujer no sabía cómo comportarse.En ese momento entró Karl, su asistente.Miró a Francisco con cierta vacilación, pero al final puso los resultados de su investigación sobre la mesa.—Señor de la Cruz, lo he mirado detenidamente, el certificado de defunción, el de incineración y el historial médico están todo aquí, la señorita Sonia está efectivamente muerta.Karl dio inmediatamente un paso atrás tras decir esas palabras.Francisco se quedó inmóvil un instante, luego tomó inm
Pero en cuanto surgió el pensamiento fue aplastado por Nieves.Porque sabía que no tenía derecho, ¿quién era ella para abrazarlo y llorar en sus hombros?Julio la colocó con cuidado en el lado del copiloto y suspiró al verla llorar tristemente: —Deja de llorar, te llevaré al hospital.—¿Tengo una pinta desastrosa? —preguntó Nieves a sabiendas. Se rio en voz baja, era una burla hacia sí misma.Pero Julio dio en el clavo: —No finjas delante de mí, puedes llorar si quieres.En cuanto las palabras salieron de su boca, Julio encendió el equipo de música, con el sonido al máximo.—¡Buaaa! —Nieves se acurrucó en su asiento y se echó a llorar.Los ojos de Julio estaban llenos de pena, pero no dijo nada, solo condujo hacia el hospital.Aunque la música estaba alta, Julio aún podía oír los gritos desesperados y desgarradores de la mujer.Su corazón estaba lleno de culpa, apretando los dientes, pensó que si hubiera sabido esto, debería haber vuelto antes, si hubiera podido volver antes, ella no h
Sintió un escalofrío por la espalda, Nieves no podía preocuparse de nada más, y forcejeó desesperadamente, presa del pánico, pateó los huevos de Santiago, pues ese era el lugar más vulnerable de un hombre. Nieves consiguió un momento de libertad, se subió a la mesa, queriendo abrir la puerta para escapar, y en el momento en que la puerta se abrió, Nieves vio la esperanza de escapar, pero la bofetada de Santiago le llegó enseguida: —¡Puta, te estás buscando la muerte!—¡Socorro!—¡Suéltame, suéltame, suéltame, no me toques!Nieves había visto la esperanza, ¿cómo iba a estar dispuesta a dejarse arrastrar hacia atrás? Sus manos se aferraron al marco de la puerta con mucha fuerza, negándose a soltarlo.No podía rendirse, ¡nunca!—¿A quién le pides socorro? Soy el dueño de este lugar, ¿quién puede salvarte?—¡Zorra, si no aceptas por las buenas, no tengo más que hacerlas por las malas!Santiago apretó los dientes y pisó la mano de Nieves, y con fuerza, la tiró del pelo, arrastrándola de vue
—¡Tu tío me debe doscientos mil, y dijo que te usaría para cubrir la deuda!Los ojos de Santiago estaban llenos de codicia y agresividad cuando alargó la mano y le tomó la barbilla.Mirándola más de cerca, sacudió la cabeza: —Eres un poco delgada, pero no tienes mal aspecto, ¡dos cientos mil ha sido poco para ti!—¡No, no me hagas nada! Te puedo dar dinero, yo te pago los doscientos mil! No me hagas nada.A Nieves se le llenaron los ojos de lágrimas y le tembló la voz.Inconscientemente, sacó su celular y pulsó los botones al azar.A pesar del cambio de celular, la configuración del sistema era la misma y Francisco era su contacto de emergencia.La llamada salió, se marcó automáticamente y, pero no recibió respuesta.Santiago pudo ver que Nieves pedía ayuda, pero al oír la voz que salía del celular, soltó una carcajada: —¡Pequeña, parece que nadie viene a rescatarte!Antes de que Nieves pudiera decir nada, Santiago perdió la paciencia y tiró a Nieves por el cuello, golpeándola con fuer
Ya se divorciaron, así que no quería quedarse con el anillo.Inmediatamente se lo quitó y dijo con indiferencia: —Esto es más caro que la casa, así que véndelo y no me molestes más en el futuro.—Nieves, sabía que me ayudarías, después de todo, soy tu única familia en este mundo, no te preocupes, yo te protegeré de ahora en adelante. Has adelgazado mucho, te llevaré a comer algo, ¿te parece?La actitud de Marcos cambió drásticamente cuando vio el anillo de diamantes, y miró a Nieves con una sonrisa como en el pasado.Mirándole así, Nieves recordó de pronto que, cuando era niña, era la más cercana a su tío, y en aquella época, jugaba con él casi todos los días.Al levantar la vista y ver el retrato familiar en la pared, Nieves respiró hondo y asintió, aceptando la propuesta.Al ver esto, Marcos se emocionó, la tomó de la mano y salió por la puerta, sin ver en absoluto los cortes de su mano, y mucho menos que su rodilla también estaba ensangrentada.Solo pensaba en su plan.Ella pensaba
A Mónica se le retorció el corazón, pero no lo demostró, se limitó a suspirar suavemente: —Fran, lo siento, es que no pude controlar mis emociones, al fin y al cabo, todo es culpa mía, si te hubiera querido un poco menos, la señorita Acosta no se habría puesto así.—No digas estupideces.Los ojos de Francisco se ablandaron mientras miraba efusivamente a la mujer que tenía entre sus brazos.Sin embargo, seguía sintiendo muy agudamente que en su corazón nacía un rastro de impaciencia, solo que no sabía a quién se debía esa impaciencia, por lo que solo podía reprimirla por el momento.Sacando su celular, llamó directamente a su asistente especial Lorenzo: —Averigua dónde está Sonia.—Sí, señor.La cara de Mónica cambió, Sonia estaba muerta, pero estaba claro que Francisco no estaba convencido por el momento.Parecía que ella debería hacerle reconocer rápidamente este hecho, mientras ya no existiera esa bastarda, Francisco y Nieves no tendrían ninguna otra conexión entre ellos, y entonces
—¡Nieves, no te pases!Francisco frunció el ceño, la pequeña pizca de culpa que había logrado nacer en su corazón desapareció al instante.Antes solo pensaba que esta mujer tenía un corazón vil, pero la consideraba una persona que hacía bien las cosas, no esperaba que ahora hubiera perdido la cabeza.—Tú no te pases, ya nos hemos divorciado, y sigues dándome la lata así, ¿qué demonios quieres? ¿No será que después de perderme te diste cuenta de que te habías enamorado de mí hace tiempo y ahora estás dispuesto a estar conmigo? Entonces, ¿qué vas a hacer con la señorita Estrada?De repente, Nieves se echó a reír, con los ojos llenos de desprecio, y esa mirada sarcástica atravesó el corazón de Mónica tan fuerte como un cuchillo.—Fran, si de verdad te gusta, puedo irme. Yo... solo estoy contigo porque me gustas, no busco nada más, si ya no te gusto, solo tienes que decirlo —dijo Mónica, con las lágrimas cayéndole por la cara.Se secó rápidamente las lágrimas, temerosa de mostrarse débil d
Ladeó la cabeza, tratando desesperadamente de contener las lágrimas, no quería que cayeran, y finalmente miró a Francisco: —¿No me crees? Ven conmigo, te llevaré allí, quiero que lo veas con tus propios ojos, ¡para que lo creas!—¡Nieves, si intentas mentirme, no les perdonaré ni a ti ni a Marcos!Marcos era el último familiar de Nieves en el mundo y su único punto débil, y Francisco siempre había sido astuto que sabía cómo inquietarla.Era una pena que no viera los cambios de Nieves, pues ya no le importaba su tío, ya no le importa una mierda desde hace tiempo.¡Ojalá Marcos muriera ya!Sin siquiera mirar a Francisco, Nieves le llevó directamente al colegio de Sonia, a su clase de dibujos, e incluso a su tienda de chucherías favorita, y a su parque de atracciones favorito, y finalmente de vuelta al parque del chalet.En ningún lugar había rastro de Sonia, esta era la primera vez que Francisco estaba tan cerca de la vida de Sonia, y sin embargo, en estos lugares donde Sonia solía pasar