—Pues no tiene caso —dijo Sofía Vargas con indiferencia—. Y ni siquiera parece que le interesen este tipo de eventos.Sofía lo decía con sinceridad. Alejandro Ruiz era distante con todos sin importar donde fuera. No había manera en la que encajaría en esas reuniones.La sonrisa de Valeria no terminó de caber en su cara. Claro que sabía del matrimonio de Sofía, pero como la boda había sido tan discreta, ella sabía que el esposo de su hermana no era presentable en sociedad.—Ay, ¡qué pena! —comentó Valeria con supuesta decepción—: Mi esposo y yo nos acabamos de enterar de que te casaste y queríamos conocer a ese nuevo esposo tuyo...—Madre, usted misma dijo que este matrimonio es sólo por conveniencia —Sofía miró a su madre fijamente—. Para usted, quien sea mi esposo ni siquiera importa, entonces prefiero no molestarlo con estas reuniones.La señora Vargas respondió molesta:—Sofía, tu hermana sólo lo dice porque se preocupa por ti. Si no lo quieres presentar, no importa. Ya lo conocerem
Empezó a leer entonces la lista entre sus manos: —8 de noviembre de 2022, cuidados médicos por fiebre alta, tarifa de enfermería: $600. 23 de noviembre, entrega urgente de documentos, tres viajes en total, 12 km recorridos: $300. Del 2022 al 2024, la cuenta de la preparación de almuerzos caseros y sopas nutritivas durante esos tres años asciende a los $83,000.Cada palabra fluía con una tranquilidad envidiable.Pero en su mente revivía cada día de ese infierno que le había hecho pasar por tres años.Había entregado su tiempo y dedicación a un desgraciado que ni siquiera se lo merecía.Incluso aprendió a cocinar y preparar sopas para él, llevándole comida día tras día durante tres años.Y ahora, justo en ese momento, tenía la oportunidad de ajustar esas cuentas del pasado.Primero, Daniel empezó escuchando con calma, pero una vez que Sofía terminó de leer cada punto de su lista, él empezó a enfurecerse.¿En qué momento Sofía había hecho tan solo una cosa por él?Y aún más importante, ¿c
Daniel apretó los dientes mientras miraba con rabia a Sofía.Laura, ahí parada junto a él, se puso blanca como papel.Al darse cuenta de que cada vez más gente se juntaba para ver el espectáculo, Daniel finalmente escupió entre dientes:—¡Transferencia!Sofía ni se inmutó mientras sacaba su celular y dejaba que Daniel le enviase el dinero.Después de recibir el dinero, sonrió y dijo:—Recibido, ex.No estaba nada mal.En tres años, también había ganado cien mil dólares.Daniel se fue con cara de funeral. Laura, al notar cómo todos los miraban, corrió tras él, escapándose tan rápido como pudo.En el brillante restaurante, Alejandro Ruiz observaba fijamente a Sofía, quien estaba a unos metros de distancia. Su socio comercial lo miró con curiosidad.Luego, se fijó en Sofía.—Alejandro, ¿es tu novia?—No.Alejandro sonrió y dijo en un francés perfecto:—Elle est ma femme.El rubio de ojos azules miró sorprendido a Alejandro, pero la calidez en los ojos de este último desapareció en un parp
Alejandro se sorprendió un momento, pero sus ojos se iluminaron con una sonrisa.De repente, la tomó por la cintura y se acercó. Su voz sonaba relajada, con ese aire despreocupado tan suyo.—Sofi, nunca he estado detrás de nadie. Llámalo amor a primera vista o cariño que crece poco a poco, pero dame una oportunidad. Hagamos que esta farsa se vuelva real, ¿qué dices?Sofi. Ese era el apodo de infancia de Sofía Vargas.De pequeña, su familia siempre la llamaba así.Jamás pensó que Alejandro volvería a usar ese nombre.¿Cómo sabía él ese apodo?Sofía sintió que su corazón daba un vuelco mientras miraba directo a los ojos de aquel hombre.Sus labios rojos temblaron ligeramente.Simplemente no podía decirle que no.Sofía bajó la mirada, sus pestañas se agitaron como mariposas y finalmente respondió:—Está bien.…En otra parte.Después de salir corriendo del restaurante, Daniel arrastró a Laura con cara de pocos amigos.Varias personas en el restaurante habían visto todo el espectáculo.Par
Su expresión era tranquila, pero algo en ella imponía un respeto que no cuadraba para nada con una simple recién graduada.Al ver su apellido Vargas, Javier frunció el ceño mientras una duda le cruzaba la mente.¿Y si tenía algo que ver con la familia Vargas?Pero la chica nunca había mencionado nada de eso.Esta preocupación se esfumó en un segundo.Sonrió despreocupado:—Inmobiliaria Panorama no necesita gente inútil como tú.Sofía no contestó, simplemente recogió sus papeles y se fue.Poco después, le llegó la notificación de despido.Cuando el gerente del departamento de proyectos se enteró, casi se muere del susto.La identidad de Sofía Vargas podía ser un misterio para otros, pero no para él.¡Era de los dueños de Inmobiliaria Panorama!¿Acaso Javier era estúpido?Con la cara roja de rabia, fue a buscar a Javier:—¿Sabes quién es Sofía Vargas? ¿Y la echaste así sin más? ¿Acaso quieres que te despidan a ti también?—Es solo una estudiante —se burló Javier—. ¿Por qué tanto escándal
Esa noche, Marcela la había invitado a salir de compras para ayudarla a elegir el vestido que usaría al día siguiente en el evento de Altamira Desarrollos.Para su mala suerte, se encontraron con Laura y Daniel.Laura miró a Sofía y esbozó una sonrisa ligera:—Vaya, señorita Vargas, por lo que veo tiene bastante ánimo. Hasta para ir de compras después de que la corrieran de la empresa.Marcela no se lo podía creer.¿Qué carajos?¿La heredera de Inmobiliaria Panorama… despedida de su propia empresa familiar?Sofía entrecerró los ojos y clavó la mirada en Daniel, con voz impasible.—¿Fuiste tú?—Alguien de tu categoría debería conocer su lugar —soltó Daniel con desprecio—. Mira, Sofía, yo no quería hacerte daño, pero tú insististe en andar de arrastrada.Marcela, como mejor amiga de Sofía, estaba al tanto de todo el drama entre ellos.Puso los ojos en blanco:—¿En serio tienes algún problema mental o qué? Eres como un pinche trozo de carne que nadie quiere pero que insiste en perseguir a
Su voz grave y embriagadora hizo que el corazón de Sofía latiera con fuerza.—Alejandro... —suspiró ella, parpadeando mientras rodeaba su cuello con los brazos—. Recuerdo que me prometiste que iríamos despacio si yo no me sentía lista.Aquella vez en la buhardilla, el ambiente había sido perfecto. No había querido rechazarlo. Y Alejandro le había asegurado en voz baja que jamás la obligaría a hacer algo que no quisiera.Alejandro sonrió ligeramente.Levantó su barbilla con suavidad, y aunque sus ojos mostraban una mirada clara y serena,estaban cargados de una innegable provocación.—Entonces... ¿no quieres? —preguntó.Su aliento cálido le rozó la oreja, provocándole un cosquilleo delicioso que la hizo estremecer.El corazón de Sofía parecía acariciado por plumas suaves.Al sentir aquella extraña sensación recorriendo su cuerpo, Sofía apretó los dientes.—¿Cuál intocable ni qué nada? Este sí que sabe lo que hace —pensó.Un momento después, rodeó su cuello con los brazos y susurró:—Alej
Sofía ya no soportaba seguir escuchando y se apresuró a interrumpir a Marcela:—¡Ya, ya! ¡Te entendí! ¡Luego hablamos!Y sin darle tiempo a responder, colgó de inmediato.Al recordar todo lo que Marcela acababa de decir, y que Alejandro había escuchado, Sofía sintió que no podría mirarlo a la cara.Alejandro no insistió con el tema, solo la observaba con una sonrisa divertida en los labios.Sofía sintió que necesitaba un momento para recuperar la compostura. Se levantó empujando suavemente a Alejandro, abandonando el sofá mientras se arreglaba la ropa desacomodada.Fingiendo tranquilidad, tomó el vaso de agua de la mesa y dio un sorbo para disimular su nerviosismo.Alejandro contempló su gesto y la sonrisa en sus ojos se intensificó. Se puso de pie, caminó hasta quedar frente a ella y se inclinó para mirarla con atención.—¿Por qué tienes la cara tan roja?Sofía sentía que su corazón retumbaba en sus oídos.Evitó su mirada con nerviosismo, mientras sus ojos vagaban inquietos hasta fija
A la mañana siguiente, Sofía Vargas apareció en el edificio de Inmobiliaria Panorama rebosante de energía.Ese día vestía un traje sastre blanco impecable que resaltaba su belleza natural y le daba un aire de seguridad inigualable. Caminaba también con un porte que intimidaba.¿La habían acaso corrido? ¿Y qué? Sofía no se iba a quedar sin hacer nada.Al llegar a Inmobiliaria Panorama, sus tacones resonaron contra el piso, anunciando su presencia con cada paso.Se dirigió directamente a la oficina de Javier Ortiz sin que nadie se atreviera a detenerla, ni siquiera la recepcionista."¡BAM!"La puerta de la oficina se abrió de golpe cuando Sofía la empujó sin ninguna consideración.Javier estaba sentado con las piernas cruzadas, disfrutando de su té con tranquilidad.Al ver a Sofía, una expresión de sorpresa cruzó su cara antes de adoptar una sonrisa despectiva.—Vaya, vaya, pero si es nuestra exempleada. ¿Qué te trae por aquí? —Su tono era burlón, con una mirada llena de desdén.Sofía ig
Alejandro Ruiz sonrió sin responder, y en cambio le puso un trozo de costilla barbecue en el plato de Sofía.—Prueba las costillitas, también están muy buenas.Sofía miró el pollo en su plato con sentimientos encontrados. Había estado con Daniel Mendoza por tres años y él ni siquiera sabía qué le gustaba comer. Mientras que Alejandro, con quien apenas se había casado hace unos días, era tan atento con ella. Este contraste le provocó una mezcla de amargura y gratitud.Recordó las veces que había comido con Daniel, cuando siempre era él quien ordenaba, eligiendo lo que a él le gustaba sin nunca preguntarle su opinión. Una vez, cuando se armó de valor para decir que quería algo picante, Daniel arrugó la frente y le dijo:—¿Una mujer comiendo cosas picantes? Es malo para tu piel.Al recordarlo, Sofía no pudo evitar soltar una risa irónica. ¿Malo para la piel? Y ahora, Alejandro había puesto ante ella la comida que más le gustaban. Esta sensación de ser tomada en cuenta le resultaba tanto e
Sofía Vargas miró de reojo a Alejandro Ruiz, cuya mirada parecía decirle: no huyas, mejor enfréntalo.Con expresión confusa, Sofía bajó la ventanilla del carro:—¿Qué quieres, Daniel?Daniel Mendoza se quedó pasmado al ver a Alejandro dentro del vehículo. Su cara se transformó en una mueca de disgusto. Observó a Alejandro de arriba abajo, pero por la escasa iluminación del estacionamiento, apenas distinguía su silueta.—Vaya, Sofía, no te tomo nada de tiempo levantarte a otro —dijo Daniel con tono burlón—. Y con razón te atreviste a hablarme así en la fiesta. ¡Si ya tienes quien te mantenga!Laura Torres, a su lado, añadió:—Sofía, siendo una estudiante tan pobre como tú, al menos deberías buscar a un tipo que valga la pena. Este no parece gran cosa.Sofía sintió que la sangre le hervía. Les lanzó una mirada despectiva a ambos y contestó tajante:—Daniel, ¿estás estúpido o qué? ¿A ti qué te importa con quién ande yo? Y tú, Laura, mejor cuida tu boca. No andes diciendo estupideces de la
En el salón de eventos, Sofía Vargas sostenía con elegancia una copa de champán mientras conversaba animosamente con un magnate del mundo empresarial. Parecía no haberse visto afectada en absoluto por el incidente anterior, manteniendo su presencia deslumbrante y cautivadora.—Señorita Vargas, es usted toda una promesa. Tan joven y ya con semejantes logros, es usted realmente digna de nuestra admiración.El empresario la miraba con aprobación, con un brillo de admiración en los ojos.Sofía sonrió y levantó su copa en un gesto cortés:—Sus palabras son muy amables, solo hago lo que me corresponde.Dio un pequeño sorbo al champán, el líquido dorado ondulaba con ritmo en la copa de cristal, reflejando la sonrisa que se dibujaba en sus labios. Sin embargo, esa sonrisa no llegaba hasta sus ojos, resaltando aún más la profundidad nocturna de su mirada.El misterioso director de Altamira Desarrollos no había hecho acto de presencia aquella noche. ¿Conflicto de agenda? Vaya pérdida de tiempo.
—¿Empleada pobre y desesperada? —Sofía se rio, y su mirada destelló con cierto desprecio—. ¿Ya ni siquiera sabes cómo hablar Daniel? Aunque fuera camarera, seguiría valiendo cien veces más que ciertos hijos de papi que solo saben vivir bajo la sombra de su apellido y arruinar el negocio familiar.Daniel se puso pálido. Apuntó hacia Sofía con un dedo tembloroso:—¡So... in... insolente! —En toda su vida jamás había recibido semejante humillación.—¿Yo, insolente? —Sofía no retrocedió ni un centímetro. En cambio, dio un paso al frente, encarando a Daniel con una mirada penetrante—. ¿Y dígame entonces quién fue el que juró amarme para toda la vida y luego corrió a los brazos de otra? ¿Quién fue quién inventó esa ridícula lista para romper conmigo? Daniel, ¿quién es el verdadero insolente aquí?Los invitados alrededor comenzaron a murmurar, dirigiendo sus miradas hacia ellos.Daniel sentía la cara arder, como si le hubieran dado varias cachetadas. Estaba furioso por la vergüenza, pero sin
Laura Torres estaba tan enojada que le rechinaban los dientes.En un principio, había pensado que Sofía Vargas viviría de manera miserable después de dejar Inmobiliaria Panorama. Nunca imaginó que aparecería en este lugar, luciendo tan brillante y distinguida, irradiando confianza en cada uno de sus gestos.Apretó con tanta fuerza la copa entre sus manos que sus uñas casi se enterraban en su piel.—¿Con quién se estará revolcando ahora? —dijo Laura con un tono ácido, su voz cargada de desprecio y envidia.Daniel Mendoza bufó despectivo:—¿Ella? ¿Qué tiene aparte de una cara bonita? De seguro no es más que una acompañante, y todavía tiene el descaro de venderse con otros en plena reunión, cualquiera con dos dedos de frente lo vería.—Exacto —secundó Laura—. Y quién sabe qué trucos habrá usado para colarse en un evento como este.Los ojos de Laura destellaban su envidia.En un principio, había pensado que Sofía Vargas viviría de manera miserable después de dejar Inmobiliaria Panorama.Nu
Aquella Sofía Vargas que antes le parecía tan sosa, ahora brillaba como un diamante deslumbrante. Resplandecía tanto que apenas podía mirarla a los ojos. Aunque la detestaba, no podía negar su belleza en este momento. Sintió un golpeteo incómodo en el pecho que apenas podía contener. Pero en un abrir y cerrar de ojos, esa extraña sensación fue reemplazada por molestia y asco.Seguía haciendo de todo para llamar su atención. Ella siempre había sido así.—¿Qué hace Sofía aquí?Bajó la voz, con un tono que reflejaba lo más vil de sus sentimientos.Laura fingió preocupación y le secundó:—¿A quién quiere impresionar vistiéndose así? Es tan...Dejó la frase a medias, pero su expresión delataba una evidente satisfacción. Cuanto más insistiera Sofía en acosarlo descaradamente, más resaltaría su propia imagen de "mujer sensata y dulce".Sofía ignoraba por completo sus murmullos. Conversaba con naturalidad con otros invitados, cada gesto suyo destilaba elegancia y seguridad. Parecía una joya br
Alejandro sonrió con misterio, sin responder directamente. En cambio, se acercó a ella y la tomó por la cintura.—Es muy precioso, de seguro te va a quedar perfecto.Sofía se sonrojó ante este gesto tan repentino de cercanía, su corazón acelerándose sin que pudiera controlarlo. Levantó la mirada y se encontró con los ojos profundos de Alejandro.—Por cierto —dijo él de pronto, como si acabara de recordar algo, sacando una cajita elegante de su bolsillo—. Esto de aquí es para ti.Sofía tomó la caja entre sus manos. Al abrirla, descubrió un deslumbrante collar de diamantes que brillaba con luz propia bajo la luz del cuarto.—Es demasiado costoso... ¡no puedo aceptarlo!Sofía estaba sorprendida; nunca imaginó que Alejandro le regalaría algo tan valioso. Pero él sólo sonrió y empujó la caja de nuevo hacia sus manos.—Es solo un pequeño detalle, habrá muchos más en el futuro, señora Ruiz.Hizo una pausa, y por sus ojos pasó un destello de ternura casi imperceptible.—No le des tanta importa
—Sofi, ¿por qué tienes esa cara? ¿Se te ocurrió algo?Marcela captó de inmediato el cambio en el semblante de Sofía.Sofía suspiró conteniendo sus sospechas.—Por ahora solo son suposiciones, no tengo nada de pruebas.—¿Y qué piensas hacer?—Enfrentar lo que venga, como siempre. Lo primero es sacar a Javier de Inmobiliaria Panorama.Los ojos de Sofía destellaron con determinación. No era ninguna boba ni mucho menos a alguien que pudieran manipular.En ese momento, el mesero se acercó con la comida, interrumpiendo la conversación.La mesa se llenó de comida muy rica y fragante, pero Sofía no tenía ni pizca de apetito.Movía distraída la comida en su plato mientras en su mente se repetían imágenes de Valeria y Javier.Comía sin ganas, dándole vueltas a la posibilidad de que Valeria y Javier estuvieran conspirando juntos.Ese aire de víctima indefensa que Valeria siempre mostraba... ahora le parecía repugnante.Tomó un trozo de costilla en barbecue, pero le supo a nada.Marcela, notando s